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Solo Uso Joyería Orgánica

Joyas Que Sean Sustentables y No Dañen el Medio Ambiente

Cuando era pequeño, nunca preguntábamos de dónde provenían o cómo crecían las frutas y verduras que comprábamos en el supermercado. Quizás sabíamos que las manzanas provenían del norte del estado de Nueva York y las naranjas de Florida, pero no nos interesaba su historia. Hoy en día, vemos palabras como “sustentable”, “ecológico” y “orgánico”» para asegurarnos de que lo que compramos proviene de áreas que no cometen abusos contra los derechos humanos y que no se ha infligido ningún daño en animales o humanos para cosechar estos productos. ¡Uf! ¡Simplemente quiero una banana!

Algunas veces creo que todo es parte del marketing. ¡Qué cínico de mi parte! Pero esperen un segundo… ¡marketing! Tiene que haber algo en todo esto para la industria de la joyería. Después de todo, ¿no existe una campaña global para eliminar la comercialización y el uso de joyas que se extraen de formas que dañan el medio ambiente o cometen abusos contra los derechos humanos?
Pero no teman, existen materiales que utilizamos para adornar nuestros cuerpos que no fueron extraídos de la manera tradicional. De hecho, estas joyas orgánicas surgen a partir de algo que alguna vez fue un ser vivo.
La más conocida de estas joyas es la perla, una irritación interna que se forma dentro de las conchas de las ostras como parte de un proceso de autopreservación. Se forman a partir de capas de una sustancia llamada conchiolina, que les da a las perlas su lustre, su iridiscencia y su aspecto de perlas.

Probablemente descubiertas en media concha mientras alguien comía ostras primitivamente, la recolección de perlas fue alguna vez un emprendimiento que amenazaba con agotar el recurso. Llegó al punto en que el hombre las recolectaba más rápido de lo que la naturaleza las podía crear. El ser humano aprendió cómo engañar a estos bivalvos para que las produzcan para nosotros. Hoy en día, la mayoría de las perlas son “cultivadas”, lo que significa que provienen de ostras que se cultivan solo para ese fin. Esto se denomina “perlicultivo”. Además, las conchas de estas ostras, así como también los mejillones, las almejas, las caracolas y los abulones, sirven para hacer hermosas joyas, incrustaciones, cuentas y tallados. También debo mencionar que el agua necesaria para cultivar las perlas debe ser de una calidad inmejorable. De manera que los cultivadores realizan grandes esfuerzos para asegurarse de que nada contamine el entorno circundante. Así que las perlas son tanto sustentables como ecológicas… mmm.
Después tenemos el coral. Los esqueletos secos de estas colonias de animales submarinos nos brindan muchos tipos de materiales en forma de rama que pueden cortarse y pulirse para crear una gran variedad de cuentas y cabujones. Anteriormente, los corales podían encontrarse solo en la naturaleza, pero ahora los propietarios de acuarios los crían y distribuyen. De hecho, uno de mis pasatiempos (en realidad, algo así como un emprendimiento) es mantener un tanque con peces marinos en donde crecen corales vivos.

Si bien la mayoría de las especies de corales comerciales utilizadas en la joyería son de aguas profundas que requieren del buceo, puedo imaginar el día en que incluso esas especies se puedan cultivar. La tecnología para cultivar corales en un tanque en nuestros hogares ni siquiera estaba disponible 25 años atrás, así que quién sabe qué pasará en los próximos 25 años. Natural, sustentable… posible.
En la película Jurassic Park, los dinosaurios son recreados a partir de insectos atrapados dentro de un material conocido como ámbar. Para los científicos de la película, el tesoro eran los insectos. Para el hombre, el tesoro real es el ámbar. Esta savia de los árboles fosilizada y colorida se ha utilizado como adorno desde los tiempos más antiguos.
El ámbar no se extrae, sino que se ‘recolecta’. Se formó hace millones de años en los bosques prehistóricos, que con el tiempo fueron cubiertos por sedimentos, lagos u océanos. Al ser más liviano que el agua, el ámbar flota, lo que permite la recolección a lo largo de las costas. Se lo considera tan valioso que una vez un zar ruso creó en su palacio una habitación cuyas paredes estaban hechas de ámbar casi en su totalidad (por cierto, se llamaba “la habitación de ámbar”). Si bien el ámbar puede no ser sustentable, es natural, orgánico y libre de insecticidas, pero no necesariamente libre de insectos.

Algunos materiales orgánicos preciosos ya no se pueden recolectar legalmente porque no son sustentables: el marfil y los caparazones de tortugas son los principales ejemplos. Todos conocen la difícil situación del pobre elefante, cazado al límite solo por sus colmillos de marfil. De la misma manera, la tortuga carey fue cazada casi hasta su extinción por su caparazón, utilizado para fabricar artículos de moda. Estos son también dos ejemplos en los que el sentido común y una actitud de preservación están haciendo la diferencia.
El otro punto que marca la diferencia es que todos estos materiales orgánicos están disponibles en sus versiones artificiales. Las versiones simuladas de marfil, caparazón de tortuga y ámbar se hacen de tal manera para que parezcan idénticos a los originales. Solo su joyero local podrá notar la diferencia. Puede usarlas con la consciencia limpia de que no está agotando un recurso no renovable.
Hablando de recursos no renovables, el azabache es otro ejemplo, aunque este sí se extraía de la manera más tradicional. Negro como el ónix y muy liviano, el azabache se utilizaba en collares y otras joyas extremadamente populares en Inglaterra durante la época victoriana. Al igual que el carbón, el azabache se forma a partir de grandes plantas en pantanos y junglas, que se cubren y comprimen para formar sustancias negras como el alquitrán que se endurecen, como una suerte de petróleo. Esperen… ¿se acaba de referir al petróleo en un artículo sobre joyas que no dañan el medio ambiente? Bueno, omitan eso. El azabache ya no es popular comercialmente, gracias a Dios.
De todas maneras, estos materiales son ejemplos de seres que en algún momento estuvieron vivos y que ahora se han ganado una nueva vida embelleciendo los cuellos, las muñecas y los dedos de las personas de todo el mundo. Hablamos de entrar en contacto con la naturaleza: con el planeta y todo eso. Así que no se sorprendan si un día ingresan en la joyería local y ven una sección con la etiqueta “orgánico”. Aunque les puedo asegurar, no será nada barato.

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