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El Oro También Dura para Siempre

(si sabe cómo evitar los efectos corrosivos en él)

Recientemente, un compañero de trabajo comentó en una nota el descubrimiento de algunas embarcaciones antiguas que contenían monedas de oro de la antigüedad. Hizo una observación de que las monedas, después de estar sumergidas en agua de mar durante cientos de años, se veían como nuevas cuando fueron traídas a la superficie y se les extrajeron los desechos. El resto del barco (tanto la madera como el metal) se había deteriorado a tal punto que la identificación iba a ser un proceso tedioso. Este no fue el caso de las monedas, cuyas inscripciones estaban tan nítidas como el día en que se hundió el barco. ¿Cómo es posible?

En definitiva, este fue un testimonio de la propiedad anticorrosiva del oro, nuestro metal más valioso.
El oro tiene muchas propiedades únicas que, junto con su apariencia atractiva, lo han convertido en un producto muy valorado desde su descubrimiento hace aproximadamente 6,500 años. Hay muy pocas personas que no reconocen el oro por su uso en joyas. Tal vez, en algún “mundo perdido”, haya un grupo de personas indígenas que no hayan estado expuestas a la belleza del oro hasta que algunos exploradores (o turistas) no les hayan permitido verlo, pero esa sería una gran excepción.
Es más probable que muchas personas no conozcan los demás atributos del oro. Por ejemplo, el oro es el metal más moldeable, lo que significa que puede forjarse o aplastarse hasta tener la forma de una hoja lo suficientemente fina como para ser levemente transparente (con un tinte verde). Esto permite que sea un recubrimiento para todo, desde el vidrio (como en la protección facial de los astronautas, para neutralizar los efectos de la radiación ultravioleta), hasta una placa comestible en una porción de pastel de chocolate con un valor de $1,000.
El oro es también uno de los metales más dúctiles, con una capacidad de estirarse sin igual. ¡Una onza de oro puede estirarse y convertirse en un cable de hasta 50 millas de largo! El oro es un gran conductor de electricidad en sí mismo, o bien, puede usarse para cubrir otros metales, como el cobre, que por sí solo podría deslustrarse y corroerse.
Por cierto, el cobre y el oro son los únicos metales naturales que tienen color. Todos los demás tienen una apariencia de color gris plata. Y esto es lo que me lleva al punto central de este blog: la inigualable resistencia del oro a los productos químicos y a los cambios naturales, y qué podemos hacer para desafiar esa resistencia en caso de accidente.

La corrosión del oro y las joyas

El oro puro tiene algunos enemigos. El cianuro es uno de ellos, el cual se usa en la industria para el proceso de extracción. También existe una mezcla de ácido nítrico con ácido clorhídrico, conocida como ‘Aqua Regia’ o agua real, que puede disolver el oro. En el negocio de las joyas y el empeño, usamos todos los días una mezcla que contiene este ácido cuando analizamos varios elementos en nuestras tiendas.
El mercurio se usa como una forma de extraer oro del material que lo rodea al formar un vínculo o «amalgama» con el oro. Mi primera exposición a este tipo de reacción proviene de una enfermera amiga que trabajaba en un hospital. Algunos de sus turnos nocturnos podían ser largos y aburridos, entonces ella y sus colegas inventaban formas de entretenerse y desviarse de tanta monotonía. Una de las tonterías que hacían era romper los termómetros y dejar que el mercurio se derramara sobre su escritorio. Jugaban con pequeños abalorios de plata líquida, alejando el líquido y luego volviendo a unir todo como si fuera una escena de Terminator 2.
Luego, una de las enfermeras notó que sus anillos de oro amarillo habían comenzado a tornarse grises en algunas partes. Fue al joyero a pedir ayuda. Desafortunadamente, para ese momento, ya no había nada que se pudiera hacer para remediar el efecto corrosivo en la joya de oro. Pulir el oro no iba a eliminar esa mancha. Por lo que se puede ver, el mercurio se une al oro, formando una nueva combinación de metales. El oro se vuelve más suave y frágil a medida que el mercurio continúa cubriéndolo. La única solución es que…no hay solución. Se debe reemplazar el metal. En ese caso, fue una costosa reposición de todas sus piedras preciosas en nuevos armados. Lo que mis enfermeras amigas no tuvieron en cuenta es que manipular el mercurio puede tener un efecto tóxico y que una joya arruinada debió haber sido la menor de sus preocupaciones.
La mayoría de nosotros nunca entra en contacto con el mercurio, pero existe un producto químico doméstico que es casi tan corrosivo como este: ¡LA LEJÍA! Se han llevado muchos anillos decolorados o amarronados a joyerías o casas de empeño después de un largo día de limpieza primaveral. Aunque el oro puro sea resistente a casi todos los productos químicos, las joyas no son de oro puro. El oro puro es el de 24 quilates. El oro que generalmente se usa es de 18, 14 o incluso 10 quilates, lo que significa que son aleaciones de oro y que contienen otros metales como la plata o el cobre. Mientras más bajo sea el número de quilates, más alta será la adición de otros metales, lo cual se hace para crear un metal más adecuado para la fabricación de joyas (y, también, es más económico).
La lejía reacciona a estos metales de tal modo que, más allá de la decoloración inicial, empieza a descomponer las joyas de oro. Y las primeras en desaparecer son las secciones más delgadas, como las puntas que sostienen los diamantes.
Un producto químico más fino, pero igual de dañino, es el cloro que se usa en las piscinas, o el cloro y el bromo que se encuentran en las tinas de agua caliente y jacuzzis. Las personas que pasan mucho tiempo en piscinas y tinas de agua caliente, notarán que con el tiempo, sus joyas empiezan a oscurecerse y quedar marrones, en principio, perdiendo el color en todas las uniones de soldadura. Aunque un joyero pueda pulir esta decoloración (hacer esto elimina una capa superficial muy fina), el pulido continuo desgasta la joya e intensifica el daño hecho al metal por el cloro.
Entonces, antes de usar cualquier producto de limpieza o de pasar mucho tiempo en una piscina o tina de agua caliente, quítese las joyas de oro.
Tal vez en mi siguiente blog hable de las cosas que puede hacer para evitar extraviar sus joyas al olvidarlas junto a la piscina o el fregadero. Esa no es la forma en que nos gusta mantener la continuidad del negocio.

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